jueves, 20 de marzo de 2008

La cultura y mi universidad

Hace unos días, y a propósito de la visita y conciertos gratuitos de Ennio Morricone, leí una opinión en un diario de dudosa credibilidad que quienes iban por aquellas entradas gratuitas no estaban más que manifestando una conducta de arribismo cultural. La opinión era nada más y nada menos que de una insigne psicologa que al parecer "sale harto en la tele" y tiene muchas amigas que le postean por internet.
Aquella opinión me vulneró e insultó en lo personal (en mi calidad de Dani Zamira), pero también en mi condición de ser humano. Me pregunté, desde cuando la cultura es una manifestación de "cierta clase social"? Desde cuando acceder a la cultura, sea por medio gratuitos u onerosos, es sinónimo de arribismo?
Me preocupó sinceramente imaginar que estos "orientadores", porque finalmente son personas que se ponen a opinar y a dirigir en cierta forma a la opinión general, puedan emitir esta clase juicios, porque esta es una forma ramplona, ingenua e ignorante de evaluar un fenómeno como el que ha generado este compositor.
Mientras era estudiante en la Universidad de Concepción, tuve la bendición, de empaparme de las más grandes muestras culturales que un ser humano puede apreciar, la mayoría de ellas, por no decir todas, gratis.
Cada noche de verano (desde Noviembre a Enero), después de extenuantes jornadas de estudio era posible escuchar, inundando todo el campus, los ensayos de la orquesta sinfónica de la universidad, sus típicos conciertos de veranos se llamaban "música de películas". Al finalizar cada jornada nos desplazábamos con mis compañeros desde la biblioteca hacia nuestros hogares, pero en la mitad del camino era parada obligada el foro, donde ensayaba esta orquesta, durante muchos años, éramos no más cien estudiantes los que ha esa hora teníamos el privilegio de ser invitados de honor de un espectáculo que cuando se presentaba oficialmente no dejaba espacio para una aguja.
De esa misma forma pude apreciar, en otra oportunidad, cómo era el montaje de una ópera, en ese mismo foro; demoró casi 10 días en estar listo, y la noche previa, tuve la fortuna de presenciar junto a esos mismos amigos inseparables el ensayo general, con los músicos, actores y cantantes, con el vestuario o todo, éramos los mismos de siempre en función exclusiva. El día del estreno, gratuito por supuesto, la comunidad de "tomó" la universidad y como ya sabíamos, no había un sólo lugar disponible.
Yo tenía en aquel entonces 19 años y nunca había visto una ópera y me pareció el más genial invento de la sensibilidad humana. Yo, siendo una persona común y corriente fui capaz de reflexionar algo así. Tal vez si no lo hubiera vivido, así, de esa forma, casi en la intimidad de esa pocas personas, nunca lo hubiera apreciado de la forma que fue.
En otra oportunidad se presentó Marcel Marceau (ahí si que tuve que pagar), hice una fila larguísima para comprar mis entradas. Lo único que sabía era que se trataba del "mimo más grande del mundo", una frase que me sonaba de alguna parte pero que no sabía bien de donde. De las cosas que tenía claras, era que tenía curiosidad por verlo, y eso era legítimo, porque los seres humanos somo así, curiosos, así tienen que ser, si no fuera de esa forma no habría nada de lo que conocemos hoy...en fin esa debe haber sido de las experiencias más inolvidables de mi vida, sobrecogedora, sensible, comunicadora... sin ninguna palabra, ese artísta nos dijo tantas cosas, los mejores chistes, las mejores historias, sin un atisbo de voz. Con mi amiga Coni hasta el día de hoy nos acordamos de esa ubicación en platea alta (con prismáticos) que nos deleitó más allá de lo que podíamos imaginar.
Es por todo lo anterior que pienso en lo emocionante que debe haber sido para aquellos que sintieron curiosidad por Ennio y se atrevieron a ir por sus entradas, y recibieron más de lo pensaron encontrar.
Yo fui por mi entrada, pero la fila era eterna. Me dio gusto ver tanta gente curiosa y la verdad no le encontré reproche alguno al interés que despertó este evento. Si esta clase de espectáculos fueran de más común ocurrencia, no habría columnistas entregando su " pseudo-erudita" visión del tema, porque es absolutamente inherente al ser humano manifestarse llano a cualquier muestra de expresión cultural o artística.
Y esto es así desde que el hombre es hombre...no se me ocurrió a mi.